¿Qué es la CI?


La cistitis intersticial, denominada CI, es una afección que consiste en dolor pélvico recurrente, presión o incomodidad en la vejiga o la región pélvica, frecuentemente asociados a la frecuencia urinaria (necesidad de orinar demasiado a menudo) y urgencia (fuerte necesidad de orinar). También puede referirse a:

  • Síndrome de vejiga dolorosa (PBS)
  • Síndrome de dolor vesical (BPS)
  • Síndrome de hipersensibilidad vesical (HBS)

La CI puede afectar a cualquier persona. Las mujeres, hombres y niños de cualquier edad o raza pueden desarrollar la enfermedad, pero se produce más comúnmente en mujeres. Es probable que de tres a ocho millones de mujeres en los Estados Unidos tengan CI. Esto representa de un 3 a 6% de las mujeres del país. Asimismo, aproximadamente 1,5 millones de hombres padecen CI; sin embargo, es posible que la cifra real sea más alta, en vista de que la CI en los hombres es frecuentemente confundida con otros desórdenes, tales como la prostatitis crónica/síndrome de dolor pélvico crónico.

Tipos de CI

La mayoría de los expertos en CI están de acuerdo en que en realidad se trata de múltiples enfermedades en vez de una sola, y que se puede presentar en distintos subtipos. Actualmente existen dos subtipos reconocidos de CI: no ulcerosa y ulcerosa.

  • No ulcerosa: el 90% de los pacientes de CI presentan este subtipo. La CI no ulcerosa se presenta con hemorragias localizadas, también conocidas como glomerulaciones, en las paredes vesicales. Sin embargo, estas manifestaciones no son exclusivas de la CI, ya que cualquier inflamación vesical puede presentar esa apariencia. Tampoco existe relación entre la cantidad de glomerulaciones que presente y la seriedad de sus síntomas.
  • Ulcerosa: del 5 al 10% de los pacientes con CI tienen esta forma de la enfermedad. Generalmente presentan úlceras de Hunner o parches, que son zonas rojas y sangrantes en las paredes vesicales. Los pacientes con este tipo de úlceras pueden beneficiarse del tratamiento con cirugía láser.

Los investigadores continúan estudiando la CI y sus diferentes subtipos. Una de tales iniciativas es la Red de Investigación Mapp, apoyada por NIDDK.

Causas de la CI


La causa exacta de la enfermedad es un misterio, pero los investigadores han identificado distintos factores que podrían contribuir al desarrollo de la misma. Muchos creen que un desencadenante (ocasionado por uno o más sucesos) podría inicialmente dañar la vejiga o el recubrimiento de la misma, lo que podría llevar al desarrollo de la CI. Algunos de estos desencadenantes pueden ser:

  • Traumatismo vesical (como el derivado de una cirugía pélvica)
  • Distensión vesical excesiva (casos anecdóticos sugieren la aparición de la enfermedad tras períodos largos sin acceso a un baño)
  • Disfunción del músculo de la base pélvica
  • Desorden autoinmune
  • Infección bacterial (cistitis)
  • Inflamación neurogénica primaria (hipersensibilidad o inflamación de los nervios pélvicos)
  • Traumatismo medular

Se cree que este tipo de daños en las paredes vesicales permiten que partículas de la orina, tales como el potasio, se filtren en el recubrimiento de la vejiga. Una vez que estas partículas entran allí, se produce una serie de respuestas orgánicas que pueden dañar aún más la vejiga y causar dolor nervioso crónico.

Los investigadores especulan que un motivo para este daño continuo a la vejiga pueda ser que la reparación normal del recubrimiento de la misma no ocurre en los pacientes que desarrollan CI. Las investigaciones indican que esto puede deberse a una proteína llamada factor antiproliferativo (APF). Los estudios han demostrado que dicho factor es producido por las células de los pacientes con CI, pero no por las células de personas sanas. El APF impide el crecimiento de las células vesicales y la vejiga puede ser incapaz de repararse a sí misma si dicho factor está presente.

En los últimos años la relación entre la CI y el abuso (sexual, físico e infantil) se ha convertido en un tema muy debatido. Los resultados de los estudios de CI y los abusos han tenido resultados muy variados: sin relación, leve relación o una tasa bastante alta de incidencia entre aquellos que tienen CI. Muchos estudios también han indicado que la tasa de abuso en el caso de personas con CI es la misma que para la población en general. La determinación de una respuesta definitiva a la cuestión del abuso podría vincularse a la realización de estudios longitudinales que siguieran a un grupo numeroso de pacientes con CI y los controlara a lo largo de los años. Sin embargo, muchos investigadores y médicos creen que, al centrarse en este asunto, y en vista de que no existe mucha información que apoye la teoría del abuso, se puede perder de vista el objetivo principal de brindar ayuda real a aquellos que sufren de CI.

 

Revised Thursday, December 17, 2009